Los códigos de comunicación de los perros
Uno de los aspectos más interesantes e importantes en la vida de los perros es la forma en la que se comunican entre sí, que a su vez es la misma que utilizan para comunicarse con los seres humanos.
En una entrevista que mantuve con una persona que me consultó por un comportamiento indeseable que presentaba su perro, comprobé que no sólo algunos desconocen que los perros se comunican entre sí y con las personas sino que muchos profesionales que se dedican al estudio del comportamiento humano hasta lo niegan. Durante esta entrevista yo le expliqué a la dueña del perro que parte del. problema que tenía con su animal se debía a que ella no comprendía los mensajes del animal y que, por lo tanto, reaccionaba inadecuadamente ante ciertas situaciones. Esto no sólo no solucionaba su problema sino que lo agravaba. El gesto de sorpresa y confusión en el rostro de la dueña del perro motivaron que yo interrumpiera mi explicación para preguntarle si había comprendido lo que le había dicho. Fue en ese momento cuando la mujer, que era estudiante de psicología, me contó un hecho que me causó no sólo sorpresa sino también cierto desagrado. Ella me dijo que en una oportunidad mantuvo una charla con un profesor suyo acerca del comportamiento de su perro y que él le había negado rotundamente que existiera la comunicación entre los animales y menos aun entre éstos y las personas. Aunque nunca supe los argumentos de semejante opinión, procedí a explicarle a mi interlocutora por qué la sentencia era totalmente equivocada.
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En una entrevista que mantuve con una persona que me consultó por un comportamiento indeseable que presentaba su perro, comprobé que no sólo algunos desconocen que los perros se comunican entre sí y con las personas sino que muchos profesionales que se dedican al estudio del comportamiento humano hasta lo niegan. Durante esta entrevista yo le expliqué a la dueña del perro que parte del. problema que tenía con su animal se debía a que ella no comprendía los mensajes del animal y que, por lo tanto, reaccionaba inadecuadamente ante ciertas situaciones. Esto no sólo no solucionaba su problema sino que lo agravaba. El gesto de sorpresa y confusión en el rostro de la dueña del perro motivaron que yo interrumpiera mi explicación para preguntarle si había comprendido lo que le había dicho. Fue en ese momento cuando la mujer, que era estudiante de psicología, me contó un hecho que me causó no sólo sorpresa sino también cierto desagrado. Ella me dijo que en una oportunidad mantuvo una charla con un profesor suyo acerca del comportamiento de su perro y que él le había negado rotundamente que existiera la comunicación entre los animales y menos aun entre éstos y las personas. Aunque nunca supe los argumentos de semejante opinión, procedí a explicarle a mi interlocutora por qué la sentencia era totalmente equivocada.





